El esqueleto de mis palabras perdió calcio... quizá la armonía no tenía ganas de bailar...
como un cuerpo olvidado en el camino suena un trombón lejano y poco tibio, creciendo va, tocando el bam bum...
Los pieles grises afilan sus contratos en la gala de la fe, donde creen que vivirán por siempre... perdonados y salvados danzan el fin de la canción, haciendole la desconocida al silencio, jurando amor por quién gritando saluda desde la muerte mentirosa...
Hay un juguete infantil, girando tirando razón donde antes aullaba el desencanto de la norma...
Las voces no son mentirosas, así como nuestras palabras no nos devuelven a la vida, sino que reniegan de la no presencia...
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